Ella no lo sabe, yo no suelo decir estas cosas, no se me dan del todo bien expresar lo que siento.
A veces dice que soy una modelo a seguir, y no se da cuenta de que es totalmente al revés.
A menudo pasa desapercibida, está escondida tras un atuendo de fragilidad y dulzura, pero creo que lo hace aposta.
Permanece escondida a los ojos de la gente, sólo si clavas la mirada en ella y entornas los ojos un poquito puedes apreciar levemente la grandeza que encierra dentro.
Lo hace porque sabe que sólo merece la pena abrirse a personas que saben apreciar el valor de una sonrisa, esa misma dulzura es su escudo.
A veces le odio, porque me hace volver a creer en esos cuentos de hadas que yo misma me obligo a encerrar para no sufrir más.
Cuando quiero ser de hielo, ella viene y me ablanda.
Su dedicación y constancia me muestra que todo es posible si das el margen de tiempo suficiente.
Ofrece todo cuanto tiene, sin pedir nada a cambio, sin ataduras, sin rencores. Tuvo una gran maestra.
Ella, para mí, es EL EJEMPLO de fuerza y coraje en esta vida, por eso, verla sonreir, hace que me hinfle de felicidad y sienta que vaya a salir volando por la ventana.
Es la flor capaz de soportar los inviernos más fríos. La luciérnaga azul que alumbra en las noches oscuras de verano. La brisa que te despeina la sonrisa cuando te tumbas al sol.
Estar junto a ella es como enterrar los pies bajo la arena en la playa y sentir como se refrescan.
Sin necesidad de decir nada, prefiere escuchar antes que hablar.
Y tiene la virtud de que su simple presencia estabiliza al más loco de los huracanes.
Ella es la parte de mí que me equilibra y recompone cuando pierdo el rumbo.
También es torpe y descuidada, pero eso se lo perdono porque la quiero tanto que a veces desaría abrazarla y no soltarla nunca, encerrarla en una cajita para que nada malo pudiera pasarle.
Ella lo ignora, incluso dirá que soy una exagerada y que no merece nada de lo que digo cuando lea esto.
Es así de modesta, parte de su encanto, de su disfraz para pasar desapercibida en este mundo de locos.
No sé si eres exagerada o no. Lo exagerado es la forma en la que estoy llorando. De felicidad, por supuesto. Porque te quiero tanto que no podría llorar de otra forma. Gracias, Albita.
ResponderEliminarAdemás, siempre oportuna.
Jamás, jamás, jamás, haré lo suficiente para agradecerte que seas lo que eres para mi.
Y te echo mucho, mucho, de menos.