Y mi cama está llena de ellos. Les encanta salir cuando echo las cortinas y apago la luz. No gritan, pero susurran y gruñen fuerte y con tanta insistencia que a veces pueden llegar a provocar una sofocante histeria interna.
Mis monstruos no son grandes, peludos y feos. Mis monstruos son recuerdos y temores, que a pesar de no tener garras ni dientes afilados, duelen y desgarran de igual forma
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